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lunes, 2 de septiembre de 2019

LO QUE CALLAMOS LOS PAPÁS – Alberto Sánchez Argüello

Alberto Sánchez Argüello /foto en blanco y negro)
foto de Jorge Mejía
Alberto Sánchez Argüello (Managua, 1976). Psicólogo y escritor nicaragüense. Se ha desempeñado como docente, promotor de lectura, editor y narrador, especializándose en literatura infantil y minificción. En 2012 creó Parafernalia Ediciones Digitales, sello a través del cual ha divulgado diversas obras literarias propias y de otros autores, y el espacio digital Taller Colectivo de Microliteratura, para fomentar la minificción. Ha publicado los libros La casa del agua (2003); De antifábulas y ficciones (2012); Micromundos (2012); Panópticos (2012); Sueños del Rey Rojo, volúmenes I y II (2012); Mi amigo el dragón (2014); Los monstruos bajo la cama (2016); Chico Largo y Charco Verde (2017); e Ítaca (2017). Ha sido distinguido con el Primer Lugar del Concurso de Cuento, versión juvenil, de la Fundación Libros para Niños (2003), por La casa del agua; Primer Lugar en el VII Concurso Nacional de CANTERA Otra relación de género es posible, categoría cuento (2007); Primer Lugar, categoría lengua castellana, de la II Convocatoria Internacional de Nanocuento Fantástico y de Ciencia-ficción Androides y Mutantes (2012); Primer Lugar en el I Concurso Intternacional de Aforismos, de la editorial mexicana Cuponeta (2015); y como Ganador del II Concurso Centroamericano de Literatura Infantil (2016), por Ítaca. El cuento que aquí les comparto fue publicado en el blog del autor, El santuario de las ideas.

Cuento que se publica íntegramente, con la autorización de Alberto Sánchez Argüello.



LO QUE CALLAMOS LOS PAPÁS


Entre tecleo y tecleo, me vuelve la ansiedad. Es como un escarabajo que recorre despacio mi estómago. Empiezo a morderme los dedos y los labios. Todo se detiene cuando entra una llamada. La pantalla del celular me muestra el nombre de la profesora de mi hija. Su tono de voz me confirma que llegó el día. Hace un esfuerzo por calmarse, pero no lo logra. Entre gritos me narra atropelladamente los hechos de las últimas cuatro horas.

Me describe el incidente inicial, el pleito en el aula, los regaños, la reacción fuerte de mi hija, su llamado a la rebelión, el corre y corre de profesores, las barricadas de las niñas, mi hija levitando del enojo, la mal lograda negociación de la directora, los incendios en los baños, la cisterna vacía de los bomberos, la evacuación de las casas vecinas, el intento desesperado por salvar el edificio del consulado ruso, los vítores de los niños desde los techos, el llanto de las profesoras y mi hija, ojos encendidos, gesto fatal, caminando entre las ruinas del colegio.

Un poco más calmada, me dice que me están esperando los directivos, el consejo de padres, el jefe de bomberos, la señora alcaldesa, el embajador ruso, el señor Obispo, tres canales de televisión y un comisionado de la policía nacional.

Cuelgo, me sirvo un café y pido a recursos humanos permiso para ausentarme. Mientras camino hacia la salida, me siento en paz. Ya no más ansiedades, no más preocupaciones, no mas escarabajos estomacales. Mi hija finalmente destruyó su escuela, ya me puedo relajar.

5 comentarios:

  1. jajaja. Pero qué padre tan irresponsable.....al final cree él que se acabó allí....jajaja. Pero, este cuento me impactó. Creí que la tragedia iba a terminar mal y el final del cuento me produjo una sonora risa

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  2. Me gustó mucho, sobre todo por lo vertiginoso e inesperado.

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  3. Excelente microrrelato. Visiten mi blog. https://poemasyfotosdeliyita.blogspot.com/

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  4. A mi nieto le gustaría que esa fuera la realidad de su colegio.

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  5. Buenísimo. La niña no hizo nada diferente de los que han hecho, hacen y harán muchos adultos, que también han frecuentado no solo la escuela sino también una universidad.

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