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lunes, 15 de octubre de 2018

ESPERANZA – Laura Nicastro

Laura Nicastro (Buenos Aires). Escritora argentina. Estudió Filosofía en la Universidad de Filosofía y Letras (UBA). Residió dos años en Alemania. Publicó los libros de cuentos Los ladrones del fuego (1984), Oyó que los pasos (1987), Pueblos de Arena (1992), Libro de los amores clandestinos (1995) y La Tigra (2009); en microficción publicó e-Nanos (2011), Caleidoscopio (2014) –volumen al cual pertenece el cuento que aquí les presento- y Entre Duendes y Pirañas (2016); y las novelas Intangible (1990), Jueves para siempre (publicada en papel en 2005, y como e-book en 2016) y Tango Brujo (e-book, 2016). Desde 2014 incursiona en dramaturgia. Sus textos se difundieron en diversas antologías y fueron traducidos al francés y al alemán. Entre otros, obtuvo el Premio Ricardo Rojas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, por Intangible; Premio Arturo Mejía Nieto de la Sociedad Argentina de Escritores, por Los ladrones del fuego; Premio Osvaldo Roggiano, por Jueves para Siempre y Mención Concurso de Cuentos Victoria Ocampo, por La Tigra. Fue candidata al Iowa Writing Workshop en dos ocasiones. En 2016 se estrenó en Argentores su pieza de teatro breve Mudanza. Algunos de sus monólogos de humor integran volúmenes de Humor entre dúos y solos, de Argentores.

Cuento que se publica íntegramente, con la autorización de Laura Nicastro



ESPERANZA


Carátula de: Caleidoscopio (Macedonia ediciones - 2014), de Laura Nicastro
Sabe que es el único humano sobre la Tierra. Lo ha comprobado después de una estéril búsqueda de varios años. Desalentado, vuelve a su refugio. Para terminar con tanta soledad, apoya el frasco de cianuro en sus labios. Oye unos golpes suaves contra el marco sobreviviente de la ventana. Entonces, no es el último, duda. Hay alguien más. ¿Será una mujer? ¿Un hombre? ¿Amigo o enemigo? Otra vez amor, odio, amistad, voces, proyectos, el futuro. ¿Volver a empezar? ¿Tendrá fuerzas? ¿Podrá hacerlo? La incipiente esperanza le hace estrellar el frasco contra el suelo. Al ruido del vidrio roto, le sigue un súbito aleteo. Un ave invisible ha levantado vuelo. Dejó unas briznas de hierba en el marco, el comienzo de un nido. El hombre sale, la sigue con la mirada, da unos pasos hasta que la pierde de vista en el horizonte. Volver a empezar.

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