Deseas recibir, cada semana, las notificaciones de las nuevas entradas suscríbete

lunes, 17 de abril de 2017

EL MONO QUE QUISO SER ESCRITOR SATÍRICO - Augusto Monterroso

Augusto Monterroso (Tegucigalpa, 1921 – Ciudad de México, 2003). Escritor guatemalteco, considerado uno de los maestros fundadores de la minificción con su texto “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, el cual fue calificado como el microrrelato más breve de la literatura universal hasta la aparición de El emigrante, de Luis Felipe Lomelí. Durante su extensa carrera publicó, entre otros títulos, Obras completas (y otros cuentos) (1959), La oveja negra y demás fábulas (1969) –que incluye el cuento que aquí se publica-, Movimiento perpetuo (cuentos, ensayos y aforismos, 1972), Lo demás es silencio (novela, 1978), Los buscadores de oro (autobiografía, 1993) y, póstumamente, Literatura y vida (cuentos y ensayos, 2004). Fue distinguido con diversos premios y reconocimientos, tales como el Premio Xavier Villaurrutia (1975), por su Antología personal; la condecoración del Águila Azteca (1988), el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances (1996), el Premio Nacional de Literatura "Miguel Ángel Asturias" (1997), y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (2000), en reconocimiento a toda su trayectoria.



EL MONO QUE QUISO SER ESCRITOR SATÍRICO


Carátula de La oveja negra y demás fábulas (Augusto Monterooso - 2007)
En la Selva vivía una vez un Mono que quiso ser escritor satírico.

Estudió mucho, pero pronto se dio cuenta de que para ser escritor satírico le faltaba conocer a la gente y se aplicó a visitar a todos y a ir a los cocteles y a observarlos por el rabo del ojo mientras estaban distraídos con la copa en la mano.

Como era de veras gracioso y sus ágiles piruetas entretenían a los otros animales, en cualquier parte era bien recibido y él perfeccionó el arte de ser mejor recibido aún.

No había quien no se encantara con su conversación y cuando llegaba era agasajado con júbilo tanto por las Monas como por los esposos de las Monas y por los demás habitantes de la Selva, ante los cuales, por contrarios que fueran a él en política internacional, nacional o doméstica, se mostraba invariablemente comprensivo; siempre, claro, con el ánimo de investigar a fondo la naturaleza humana y poder retratarla en sus sátiras.

Así llegó el momento en que entre los animales era el más experto conocedor de la naturaleza humana, sin que se le escapara nada.

Entonces, un día dijo voy a escribir en contra de los ladrones, y se fijó en la Urraca, y principió a hacerlo con entusiasmo y gozaba y se reía y se encaramaba de placer a los árboles por las cosas que se le ocurrían acerca de la Urraca; pero de repente reflexionó que entre los animales de sociedad que lo agasajaban había muchas Urracas y especialmente una, y que se iban a ver retratadas en su sátira, por suave que la escribiera, y desistió de hacerlo.

Después quiso escribir sobre los oportunistas, y puso el ojo en la Serpiente, quien por diferentes medios auxiliares en realidad de su arte adulatorio lograba siempre conservar, o sustituir, mejorándolos, sus cargos; pero varias Serpientes amigas suyas, y especialmente una, se sentirían aludidas, y desistió de hacerlo.

Después deseó satirizar a los laboriosos compulsivos y se detuvo en la Abeja, que trabajaba estúpidamente sin saber para qué ni para quién; pero por miedo de que sus amigos de este género, y especialmente uno, se ofendieran, terminó comparándola favorablemente con la Cigarra, que, egoísta, no hacía más que cantar y cantar dándoselas de poeta, y desistió de hacerlo.

Después se le ocurrió escribir contra la promiscuidad sexual y enfiló su sátira contra las Gallinas adúlteras que andaban todo el día inquietas en busca de Gallitos; pero tantas de éstas lo habían recibido que temió lastimarlas, y desistió de hacerlo.

Finalmente, elaboró una lista completa de las debilidades y los defectos humanos y no encontró contra quién dirigir sus baterías, pues todos estaban en los amigos que compartían su mesa y en él mismo.

En ese momento renunció a ser escritor satírico y le empezó a dar por la Mística y el Amor y esas cosas; pero a raíz de eso, ya se sabe cómo es la gente, todos dijeron que se había vuelto loco y ya no lo recibieron tan bien ni con tanto gusto.

3 comentarios:

  1. Excelente relato que describe de una forma diáfana y sencilla la naturaleza humana... Así somos!!! Gracias por compartirlo.

    ResponderEliminar
  2. Gracias por sus comentarios, Magaly y Ana, efectivamente, aquí tenemos un gran cuento con un gran mensaje, que me alegra hayan disfrutado. ¡Que sigan las lecturas!

    ResponderEliminar